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Tratamiento de las rabietas

Tratamiento de las rabietas

Una rabieta es una ‘forma inmadura’ (neuropsicológicamente hablando) de expresar ira o enojo y se define como una demostración explícita y explosiva ante un malestar y/o desacuerdo. Es frecuente que esta expresividad genere inseguridad en los adultos.

El inicio de las rabietas tiene lugar a dos años de edad, y su aparición va fluctuando, tiendo picos de mayor intensidad a los 2, 3 y 6 años, aunque como padres ya sabréis que cada niño es un mundo. Este periodo, por suerte pasajero, se ha definido como etapa oposicionista y responde a situaciones concretas en las que el niño o la niña se siente frustrado.

En esta etapa el niño/a comienza a descubrir su personalidad, su individualidad, como fuente constante de comportamiento y de unos deseos distintos de otras personas por un aumento en su autonomía. Al tomar conciencia de sus propias y crecientes necesidades se coloca en una nueva situación respecto al adulto. Este afán de independencia se expresa sobre todo en el deseo de oponer su voluntad a la del adulto, como forma de autoafirmación. Además, sus circuitos neuronales no están lo suficientemente desarrollados para poder realizar el proceso de introspección, identificación y gestión de emociones que podemos hacer los adultos.

“Tu hijo se está haciendo más autónomo y utiliza estas conductas para expresar sus sentimientos

de una forma sincera ya que las conexiones neuronales necesarias para la

gestión emocional, su lenguaje y capacidad introspectiva

aún no están lo suficientemente desarrolladas”.

Esto no quiere decir que sea una etapa cómoda para los padres y que se pasen por alto situaciones que generan interferencia y malestar en los diferentes contextos.

Por ello nuestro equipo de psicólogos en Madrid centro recomienda una serie de pautas para el tratamiento de las rabietas:

  1. Tener presente que gran parte del aprendizaje de los niños proviene de lo que observan en sus figuras relevantes (padres, profesores, abuelos,…), por ello, es importante mostrar una actitud calmada y segura.
  2. Nadie mejor que tú conoce a tu hijo. En estas situaciones valora cómo se encuentra: ¿Está cansado? ¿Tiene hambre? ¿Cómo ha dormido?
  3. Consensúa con tu pareja los límites y la forma de proceder ante las diferentes situaciones en las que tiene lugar, de esta forma habrá un equilibrio en el estilo educativo de las figuras relevantes.
  4. Explícale al niño/a los límites de una forma clara y precisa, adaptada a su lenguaje (puedes hacerlo mediante cuentos o juegos para que le resulte más atractivo).
  5. Trata de distraerle cuando identifiques los primeros signos de alarma.
  6. Extingue las conductas no deseadas (deja de prestarle atención), facilitándole justo después otra forma de expresión más adaptativa, de esta manera fomentaremos el desarrollo de los circuitos cerebrales relacionados con la gestión emocional y se sentirá validado, escuchado y querido.
  7. Si la rabieta tiene lugar dentro de casa, puedes llevarlo al ‘rincón de pensar’, es decir, un lugar libre de distracciones. Si por el contrario, tiene lugar en fuera del domicilio sería recomendable alejarle del estímulo que lo ha desencadenado. Si además, en este lugar hubiera más personas puedes alejarlo de éstas. Una vez se haya calmado, habla de lo sucedido con él y retoma la tarea que estabais realizando.
  8. Prémiale con caricias, halagos o juegos cada vez que mejore su autorregulación emocional.
  9. Es importante que no etiquetes al niño/a con adjetivos como: malo, difícil, caprichoso, rebelde,… Estas palabras se fusionan con la persona, son estigmatizantes y suelen tener una connotación global e imprecisa.
  10. Es mucho mejor decir que “es un niño que en determinadas circunstancias y bajo determinados estímulos actúa de una forma más o menos adecuada”.

Como señalábamos en el punto 1, es importante que ante estas situaciones los padres tengan una actitud tranquila, firme y no personalicen, ya que si los niños perciben que dudamos o somos flexibles aumentarán las probabilidades de que se alarguen en el tiempo o las rabietas se produzcan con más frecuencia.

Señalar que cuando las rabietas generan una gran interferencia en diferentes contextos  (ocio, familia, escuela,…), influyen negativamente en la calidad de vida del niño y el adulto (ansiedad, pensamientos rumiativos, preocupación frecuente, cuestionamiento sobre la validez como padres,…) y además se percibe una ausencia de control respecto a la mayoría de estas situaciones,  es conveniente solicitar apoyo psicológico.

Nuestros psicólogos infantiles en Madrid son expertos en el abordaje de este tipo de problemas.

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